Fumando un cigarro
La amarga fragancia del dulce adiós,
Se extiende cálida por la habitación,
Que se sume en el avance del fuego, lento,
Consumiendo cada célula de mi alma.
El sabor grueso del recuerdo
Abrasza mi corazón de ceniza,
Y llena de humo el hoyo negro
Que habita en mi diafragma.
Y en esta soledad,
En la oscuridad del silencio,
Ya no hay más luz aquí,
Que el fulminar rojo de este réquiem tenuo.
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